
Te he buscado siempre. Tantas, tantas veces
he desembarcado por ver sólo una luz
en costas abruptas. Abro la ventana,
me llama una bandada de pájaros.
La dura vejez pone en la mirada
unas largas playas igual que Laredo.
En un navío oxidado, llegando a un gran puerto
hendiré aguas sucias en donde revuelan
miles de gaviotas, buscando una inmóvil
mujer solitaria que esperaba ver en la dársena.
Hoy, cuando la proa se hunde fatigada
y ya el navegante no ve bien de lejos,
se borra la costa.
Mirando las olas, de tres en tres,
recuerdo tus ojos rasgados con luz del ocaso
y, sonriente, pienso que, gris y romántica,
te llevo en el buque de hierro del alma.
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